jueves, 3 de mayo de 2012

La Chiquita - V Parte





El Poema

No me creyeron, naturalmente, pero mi mamá quiso saber más.
-       Es en serio, ella tiene un calendario.
-       Tráigalo. – me retó mi hermano menor.

Tardé menos de la mitad del tiempo en volver sin la necesidad de correr. La puerta seguía abierta y entré. La súbita presencia de tanto color blanco en el suelo me detuvo en seco.
Desde la puerta hasta el armario, sin manchas ni pisadas, había un poema escrito con tiza blanca. La chiquita me contaba su historia. Quería leerla pero mis piernas me llevaron hacia atrás hasta perder de vista las palabras y corrí de regreso. Mi familia me esperaba de pie.

-       ¡Escribió un poema! ¡La chiquita tiene 40 años y escribió un poema!

Una luz escandalosa nos cegó y el claxon del vecino casi me hace vomitar. Se abrió la puerta principal y entró la noticia de que debíamos desalojar.

-       Me voy para la ciudad ya. Se vienen conmigo o no podrán salir. – el tono de emergencia los convenció a todos y empezaron a reunir sus cosas.
-       ¡No! ¡La chiquita!
-        
Mi hermana me lanzó un bolso y mi papá casi me atropella al salir.

-       ¡Mami! Escribió un poema…

El vecino encendió el auto y mis hermanos corrían para montarse.

-       ¡Mami!

Las luces del auto lastimaban las sombras del interior y adentro las puertas se cerraban. Solo mis dos hermanos seguía adentro y no podrían ser ellos los que cerraban tantas puertas al mismo tiempo.

-       ¡La chiquita tiene 40 años! ¡Ma!

Mi mamá salió de la casa sin prestarme atención, segura de que ignorándome iba a dejar aquel asunto de lado.

-       ¡El poema! ¡Tiene 40 años! El poema…

Me rendí. Caminé cabizbajo por el pasillo principal hasta la puerta. El auto estaba listo para partir y ya la luz no entraba. Cuando pasé por la oscura puerta de la cocina dos ojos me miraron a seis centímetros de distancia de los míos sin que me diera cuenta.
La chiquita era parte de la casa y ninguno de mis sentidos la pudo percibir. Quizá susurraba el poema pero mi fracaso era más grande que eso y le cerré la puerta a las palabras.

Abrí los ojos y el calor de mi casa desalojó el frío de aquella poco a poco mientras me incorporaba en la cama y escupía los últimos versos de un poema que nunca leí.



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