I
Matías se alistaba para ir a su primer día del noveno grado. Desde que el mundo se quedó sin frenos había cambiado muchísimo y ahora podía asegurara que un extraño lo miraba desde el espejo.
La noticia había llegado como una bala perdida y el encontronazo con la realidad fue tan duro que el golpe lo hizo perder el conocimiento. Cuando el mundo se quedó sin frenos, Matías perdió la mitad de su alma.
Mientras probaba que el lapicero que había encontrado en una gaveta aún servía, su hermano mayor, Tomás, le daba los mismos consejos que le daba todos los primeros días de clase. Que ni se le ocurra caerse porque pierde el respeto de todos, que no pregunte si hay tarea y que trate de no comer nada en la soda hasta la segunda semana de clases.
- Los consejos de Tomás siempre me dieron gracia, nunca le recomendó evitar los baños que es lo que más me preocuparía a mí – le dijo su mamá desde el otro lado del desayunador con una sonrisa llena de orgullo.
Los dos hermanos caminaron juntos al colegio y Blanca los acompañó. Ella era su vecina y amiga de toda la vida. Llegaron temprano, como siempre. Tomás se reunió con sus viejos amigos y los otros dos con Omar, su mejor amigo.
Matías miró como todas las siluetas caminaban en diferentes direcciones, algunos bien mudados y con bolsos nuevos, otros con el mismo bolso roto y rayado de siempre. Unos saludaban con una sonrisa y otros sólo bostezaban, era un primer día de colegio como todos, pero el dolor de la muerte aún le hacía ver el mundo en blanco y negro. Aún sentía las náuseas que le daba la presencia del fantasma, aunque ya había vuelto el frío.
Omar le hizo señas para que entrara, ya iba a ser tiempo de entrar a clases. Omar siempre le recordaba las cosas más elementales que Matías podía olvidar: tareas, cumpleaños, días libres y hasta avisar a casa cuando iban tarde. Se conocieron antes de poder ser capaces de recordar. Lloraron juntos, tomados de la mano, el primer día de kínder y de primer grado. Matías había tenido que pelear contra tres muchachos de sexto para defender a Omar cuando estaban en tercero; y Omar logró burlar los controles de la aplicación del examen de admisión al colegio, y le pasó las respuestas a Matías. No podían separarse después de la escuela.
Matías aún no decía nada desde que se levantó esa mañana. Miraba por la ventana mientras el profesor les daba la bienvenida y de nuevo se desconectó del mundo, le pasaba muy seguido desde el 30 de diciembre, el día en que el mundo se quedó sin frenos.
Llevo dos horas con frío, ¿qué se hizo? La presencia del fantasma hacía que Matías se emocionara mucho y entonces sentía calor. La presencia lo hacía verse envuelto en un aura cálida, como el calor que uno siente en el hogar. Como el calor que se apagó cuando los frenos del mundo dejaron de funcionar.
Me da miedo cerrar los ojos, no quiero que se vaya.
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II Parte: Miércoles 16 de marzo, 2011.


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