miércoles, 16 de marzo de 2011

El Fantasma - III/IX

III



Los primeros meses de colegio fueron silenciosos, fríos e incoloros.
   Omar organizó una pequeña fiesta de pijamas y Blanca llegó. Cuando los chicos entraron, Matías los esperaba de pie junto a las escaleras, lo siguieron en silencio y entraron a su habitación. Estuvieron solos durante toda la noche, solos con el fantasma.
C   enaron en el cuarto, vieron un par de películas, sin poner mucha atención, e iniciaron una conversación sobre la vida y la muerte que los llevó hasta el límite de la razón, el dolor y la oscuridad. Los chicos sabían que era un tema peligroso pero en algún momento debía salir. A Matías no le importó, y les contó lo que pensaba sobre la muerte y la vida y, sobre todo, cómo había descubierto que ambas cosas eran lo mismo.
   Al día siguiente, Blanca propuso una excursión a la reserva forestal para despejarse de la conversación de la noche. Tomaron un pequeño desayuno y salieron.
   Su madre trató de acomodarle rápidamente el cabello mientras pasaba por su lado. Matías no entendía por qué insistía en cuidar su jardín aún después de que el mundo se quedara sin frenos. Tal vez era su culpa.

            En la madrugada sentí mucho frío, mi fantasma se había ido pero volvió al amanecer. Caminando bajo estos árboles gigantescos y al borde de precipicios magníficos, me pregunto cómo será estar del otro lado y qué sentirá mi fantasma. ¿Siente frío cuando no está conmigo? ¿Desea irse?

-       Por favor, quédese conmigo - susurró 
-       Todo el tiempo que usted quiera, Mati.
-       Lo siento.

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