
"Quien más me impresionó fue Wangari Maathai. Trabaja con mujeres de aldeas africanas y ha plantado más de treinta millones de árboles, con lo que ha cambiado el clima y la calidad de de la tierra en algunas regiones. Esta magnífica mujer brilla como una lámpara y al verla sentí el impulso irresistible de abrazarla, lo que suele ocurrirme en presencia de ciertos hombres jóvenes, pero nunca con una dama como ella. La estreché con desesperación, sin poder soltarla; era como un árbol, fuerte, sólida, quieta, contenta. Wangari, asustada ante aquel exabrupto, me apartó con disimulo."
La suma de los días. Página 108. Isabel Allende.
Entre docenas de maravillosas e increíbles mujeres que he conocido en los libros de Allende, se me apareció Wangari Maathai. Una señora extraordinaria que hace más de treinta años fundó el Green Belt Movement (Movimiento Cinturón Verde) que ha plantado ya más de 40 millones de árboles.

Maathai se convirtió en la primera mujer africana en recibir el Premio Nobel de la Paz (2004), fue la primera mujer en el este y centro de África en recibir un doctorado y en el 2002 fue elegida para el Parlamento de Kenia con un 98% de los votos.
La revista Time la nombró en el 2005 una de las 100 personas más influyentes del mundo y las Forbes, una de las 100 más poderosas, solo para mencionar un par de reconocimientos internacionales.
Supongo que ella no fue perfecta o una heroína ecológica por excelencia (ojalá sí) pero definitivamente marcó una diferencia muy positiva en el estilo de vida de millones de personas con una idea: ayudar a las mujeres de su tierra reforestando.
Al sembrar árboles, cambió el clima y la sostenibilidad del suelo, ayudando a que las comunidades pudieran volver a vivir de la tierra y rescatar sus villas.

Yo soy solo un estudiante costarricense que nunca ha estado allá, pero creo que África (tan intrigante y maravillosa) necesita más Wangaris.
El desarrollo del continente solo se puede alcanzar con un desarrollo íntegro de las comunidades, desde las más pequeñas. El calentamiento global hace que los desiertos crezcan rápidamente y que África se consuma entre pobreza y arena.
Tienen desafíos enormes encima y no son responsabilidad exclusiva de los africanos. Todos tenemos que hacer algo al respecto.
Ayer, 25 de setiembre del 2011, a los 71 años de edad, Wangari falleció. El cáncer consumió su cuerpo.
Lamento perder la posibilidad de hablar con ella. Habría sido maravilloso que me dejara comprarle un café y que simplemente habláramos.
Espero que sus ideas se contagien y que millones en el mundo hayan recibido su mensaje (u otros con las mismas intenciones) y que su paso por el mundo no termine hoy.
Todos nos apagamos en algún momento. Larga vida al ejemplo de Wangari Maathai.

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