
El monstruo
Roe cerebros, adormece cuerpos y roba energías. Yo lo conocí a los 17 años, me pareció atractivo y le pedí permiso para entrar en su boca. Me sonrió, guiñó un ojo y, de entrada, me ofreció drogas.
Con la naturalidad de siempre las rechacé y fue la primera vez que, sin darme cuenta, lo insulté. Dejé que me masticara durante un par de años y sin que los dos supiéramos cómo, me salí de él y conocí otro tipo de empleo.
Cuando comprendí mi suerte trabajé en mantenerme fuera de su alcance y me escondí. Mas la libertad duró menos de cinco meses y me encontró. Rugió encima mío mientras yo lloraba e imploraba que me dejara en paz, le grité que lo odiaba y que prefería el hambre a dejarme atrapar. Con un puñetazo en la cara me hizo callar, luego me desnudó frente a todos y una vez humillado, me tragó de nuevo.
Dos años después sigo encerrado en su vientre. Han pasado cinco años desde nuestro lindo primer encuentro y ya mis sonrisas son menos suaves, mis carcajadas menos libres y mi sueño más liviano. El estrés hizo que mi cara se confundiera de etapa y volviera a una adolescencia grasosa, que mi cabeza se llenara de caspa en varias ocasiones, me dio bruxismo y tuve laringitis cuatro veces en un año.
Como un zombie seguí tomando llamadas y haciéndole caso a los mandatos que me ladraba el monstruo hasta que un día tuve un sueño que me hizo detenerme en seco y valorar todo lo que tengo, lo que no y lo que quiero.

El sueño
Billie repasa asuntos laborales en una computadora. Su escritorio está instalado en un puente de hamaca que pende sobre un abismo oscuro. Apenas se percibe el calor, el olor a azufre y el murmuro del fuego.
Marqo Adrián entra por un lado del puente y con asco se sostiene de las barandas de mecate, camina con miedo y llega al centro.
Marqo Adrián: Billie… ¿Billie?
Billie: ¿Sí? … Hola.
Marqo Adrián: B, tengo algo muy importante que decirle y es necesario que deje de hacer lo que está haciendo y me escuche.
Billie: Mi tiempo es dinero, hable rápido.
Marqo Adrián: Billie, usted va a morir joven.
“…usted va a morir joven.”
“…va a morir joven.”
“….morir joven.”
El mecate se rompe con un sonido seco y la luz lastima mis pupilas cuando el sol de medio día logra despertarme.

Billie despierta
Sea cierto o no, la posibilidad de que mi cerebro se apague pronto me hizo detenerme y estudiar el panorama con más atención, me reproché muchas cosas y tratando de detener el temblor de mi mandíbula respondí a las preguntas que mi periodista interno me hizo:
P: ¿Qué pasa si mañana un bus, un terremoto, un tornado, un asalto, una caída, una enfermedad, una vaca, un mosquito o el motor de un avión lo mata?
R: Habré vivido los últimos cinco años de mi vida quejándome de mi infelicidad laboral y de mi falta de tiempo, lejos de mis amigos y sin tiempo para la familia.
Además, no he leído todos los libros que quiero leerme, no he hecho películas ni publicado mi novela. No he tenido tardes para escuchar a mis abuelos ni para conversar con mi prima. No he jugado suficiente con mi hermano menor ni compartido suficientes ideas con mi hermana. No he visto a mi hermano mayor en semanas y apenas veo a mi papá cuando guarda el casco de alguno de mis hermanos después de un paseo dominical.
He desaprovechado los minutos que me regala mi abuelo en su octava década, las miradas verdes que me declaran su amor y que me gritan que tiene miedo de perderme. No he tenido una relación amorosa ni he ido a Chile.
No hablo cinco idiomas ni conozco Moscú. No he aprendido a manejar ni a preparar bien las arepas. No he hecho mi blog de recetas de café ni pintado un gran cuadro. No he tomado suficientes tazas de café con mami ni compartido suficientes apreciaciones sobre nuestros amores literarios.
No he caminado sobre África y no conozco los pingüinos. No he ido a pasear con mis cinco mejores amigos en mucho tiempo ni comido arroz con leche de mi Nana en años.
No he tocado el suelo por donde caminó Alejandro Magno. Ken Follet aún no publica sus novelas sobre la II Guerra Mundial y la Guerra Fría y aún no me han dado el beso perfecto.
P: ¿Qué ha hecho entonces?
R: He pedido disculpas por el inconveniente, agradecido por haber llamado, pagado alquileres, comida, ropa, fiestas y un viaje. He trabajado horas extra y sacrificado días libres. He cambiado de carrera dos veces.
Ignoré, durante cuatro años, cualquier intento de acercamiento amistoso de cualquier persona y me he alejado de mis amigos de la infancia hasta el punto de no saber nada de Adam, mi mejor amigo durante toda la escuela.
He aprendido a operar varios sistemas, a aplicar préstamos, créditos, cargos y descuentos.
He…
P: ¿Qué cosa?
R: Desaprovechado mucho tiempo sin saber si es el último que tengo.
Por eso he afilado mi cuchillo y soñado que es una espada. Quiero cavar una salida y huir. Me imagino corriendo como nunca dejando que las lágrimas se lleven los feos recuerdos y el peso del tiempo perdido.
Y un día voy a volver a ver al monstruo a los ojos, tocaré mi sombrero y ladearé levemente mi cabeza (no voy a perder los modales) y seguiré mi camino. Él sabe que miles hacen fila para ser devorados, entenderá que lo he superado y esquivará mi mirada.

Continuará.
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