miércoles, 6 de abril de 2011

El Fantasma - VI/IX


El décimo mes, después de que los frenos del mundo fallaran, llegó suave y silencioso como todos los demás. Matías lo recibió con la piel pegada a los huesos y escuchando lo que su fantasma susurraba desde la puerta. Era media noche del 1 de octubre y el fantasma pedía, por favor, que le dejara ir.
Matías nunca se había enojado tanto en su vida. Ni siquiera cuando los estúpidos frenos del mundo le arruinaron todo. Volvió a sentir náuseas y subió el volumen de la música. Decidió que en la mañana iría al colegio y luego a comer con Blanca, ella sabría qué decir para calmarlo.
Cuando bajó las gradas con pasos fuertes y salió hacia el colegio, Tomás y su madre supusieron que finalmente la fase depresiva había terminado. Uno suspiró aliviado y la otra negó con tristeza.
Blanca aceptó el reto, naturalmente. Casi llora de emoción cuando vio que Matías se dirigía hacia ella con paso decidido, el ceño fruncido y las mejillas coloradas. Era un milagro que finalmente sintiera algo y parecía tener mucho que decir.
Aparentemente se sentía defraudado, el mundo le había quitado su sonrisa de un zarpazo injusto y ahora quería quitarle su más preciado recuerdo. Blanca no entendió nada pero supo abrazarle, tomar su mano y soltarla en los momentos exactos, y Matías se calmó.
Supongo que debo dejarle ir en algún momento.
Blanca suspiró aliviada al ver que Matías respondía sus preguntas, quizá sí volvería algún día, y creyó bastante oportuna su actitud pues era su cumpleaños y en casa le esperaban con un pastel.
Era lo último que Matías esperaba, hasta lo había olvidado. Miró a los cuatro a los ojos y los repudió, no podía creer, o perdonar, la magnitud del insulto. Era demasiado injusto que él pudiera seguir cumpliendo años y era simplemente vulgar y escandaloso que ellos se lo recordaran. Subió las gradas y se volvió a acostar.
Omar entró antes del amanecer y se acostó al lado de su cama, y cuando despertó le abrazó y besó en la frente. Matías no abrió los ojos.
-       Sólo estoy muy feliz de que haya cumplido años, Mati. Perdón.
-       Está bien, gracias.
Blanca llegó a media mañana y le entregó una piedra a Matías. Le recordó cuando tenían doce años y él había olvidado comprarle un regalo de cumpleaños y, como no había flores en el jardín, le llevó una piedra, pero Matías apenas hizo el esfuerzo de gesticular otro “gracias”, acomodó sus cobijas y le dio la espalda.

-       No puedo – susurró Matías
-       Por favor, es mejor para los dos.
-       Me da mucho miedo.

1 comentario:

  1. Por fin hoy me puse al día con las entradas que tenía atrasadas, y bueno, de momento me sigue cayendo supermal Matias.

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