martes, 1 de febrero de 2011

La cápsula de los salvajes tecnológicos

En una escuela primaria de San Francisco, California, un niño descubrió que en 1910 los estudiantes escondieron en una pared una caja con fotografías y cartas para ser abierta en el 2010. La exploración de la escuela inició y pronto se hizo el hermoso hallazgo.
           La escuela entera se reunió, con padres de familia y la prensa, para descubrir lo que la cápsula del tiempo contenía. Historias de la construcción del centenario edificio, de los esfuerzos por recuperar San Francisco después del devastador terremoto de 1906, y los sueños y ambiciones de los niños nacidos hace más de un siglo.
           La historia me conmovió y reflexioné, natural e inevitablemente, sobre el futuro y lo que los universitarios del 2111 van a pensar de los del 2011. ¿Qué vamos a dejar de camino? ¿Qué dejaríamos en nuestra caja escondida en la pared? ¿Dejaríamos direcciones electrónicas?
           Yo creo que si somos justos dejaríamos la caja llena de recuerdos bonitos adornados con basura. Podríamos dejar una muestra del agua que tomamos, podríamos incluir imágenes del modo de vida en Beverly Hills y en Juba, Sudán. Deberíamos agregar una muestra de nuestros periódicos, creo valioso que se tome en cuenta la calidad periodística y publicitaria de nuestros días. Me gustaría que la caja lleve una muestra del aire que se respira en Shangai y de la tierra que quedó en donde estuvo el Mar Aral.
            Les recomiendo ver ´La sonrisa de Mona Lisa´, una película que habla sobre la educación femenina en el Noreste de los Estados Unidos en la década de los cincuenta. La profesora liberal da una corta e impactante clase donde proyecta imágenes de la publicidad de la época, critica la manera en que la sociedad se deja ver haciendo incapié en lo que las futuras generaciones estudiarían a partir de esas imágenes. Pues es lo mismo, si toda esta información queda guardada y es accesible en el futuro, nos vamos a ver como unos salvajes tecnológicos y unos políglotas iletrados. El daño que estamos causando pesa más que el desarrollo tecnológico e intelectual.
            El poder de cambio está en cada ser vivo que habite este planeta, y, lamentablemente, no es un cambio que vaya a variar lo que metimos en la caja, la caja ya está llena y sellada y no nos queda más opción que legarla. El cambio que necesitamos tiene un sólo propósito: que haya alguien en el 2111 que pueda abrir nuestra cápsula.


         

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