viernes, 25 de noviembre de 2011

Un final rosado

Con este cuento participo en el 15to Concurso de Cuento Corto de 89decibeles.com


Así es como Lucía fracasó en su misión por salvar al mundo.
        Desde una gran roca vio cómo se acercaba una burbuja gigante que engullía todo a su paso, la observó con temor hasta que empezó a subir por la ladera. Cuando intentó alejarse de la nube tropezó y creyó ver como el zacate se volvía azul.

            Vivió una linda infancia, tuvo suficientes juguetes y una familia normal: Un padre soltero, dos hermanas mayores y un tío ciego. Todos vivían en la antigua casa de la abuela donde el olor a madera vieja arreglaba todas las angustias de mundo exterior.
            Cuando crecieron y empezaron a caminar solas por el mundo, se perdió. La lejana felicidad de sus hermanas, el entierro de su padre y el incendio de la casa la arrojaron a un mar de jeringas usadas y duendes blancos.
            El día de la nube ella viajó con su compañía habitual a una montaña al oeste de la capital, llevaban suficientes sustancias para pasar un fin de semana relajado y escapar de la cotidianeidad, que consistía en hacer lo mismo en un bar.
           
            Cuando se levantó, recibió en la cara los golpes de muchas ramas agitadas por la fuerza del viento dentro de la burbuja. El aire era tan denso que era imposible respirar.
            La burbuja se rompió cerca del claro del bosque porque uno de los árboles era muy alto. Lucía corrió hacia el agujero. Corría rápido pero se cerraba y la burbuja se alzaba demasiado alto. Alrededor suyo corrían las demás criaturas del bosque desesperadas por encontrar oxígeno.
            Duendes, hadas, piedras con colas de ardilla y unicornios enanos, todos corrían con ella porque solo ella encontraría la salida.

            Ya hacía más de un año que no se molestaban en preparar la tienda de campaña, lo apilaban todo contra un árbol, tomaban lo que querían y caminaban por el bosque. Eran libres.
            Lucía se reía de sus próximas hazañas aún antes de comenzar el viaje porque sabía que nadie había llegado tan lejos como ella, cuando llegó su turno, metió la mano en dos bolsas, cerró los puños y se los llevó a la boca.
            Sofía y Daniel se quitaron la ropa y caminaron en dirección opuesta.

            Todas las alegrías, tristezas, enfermedades, curas, amenazas y esperanzas de la humanidad pendían dentro de una débil telaraña al otro lado del río. Lucía entendió que debía rescatarlos y devolverlos a donde pertenecían, solo así se podría deshacer de la burbuja.
            El río era rosado, por supuesto, porque el rosado es el color de los ríos que observan cómo Lucía salva al mundo. Un puente de aire y agua se formó y cuando ella subió vio cómo las ciudades se hundían en infiernos verdes, el cielo se tragaba el mar, llovían cuerpos humanos y…

            Una piedra detuvo el cuerpo de Lucía por la cabeza, la encontraron los equipos de rescate dos días después.


Marqo Adrián



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