Sobre el suicidio, la sexualidad y la culpa.



Sobre el tema
Miles de personas se han suicidado después de sufrir acoso homofóbico durante años, sin embargo, últimamente se ha hablado mucho al respecto y se convirtió en un show mediático la serie de suicidios del último mes por esa razón. Yo sé que muchas miles de personas se suicidan a diario por miles de razones, pero hoy quiero hablar de esta en particular.
Sobre la homosexualidad
Un nombre horrible le fueron a dar a algo que ni siquiera debe ser nombrado. Los seres humanos sentimos.
Sobre el suicidio
Recuerdo que después de los atentados terroristas del 11 de setiembre viví una obsesión con las personas que decidieron saltar de las ventanas, quise entender cómo llegaron a tomar esa decisión, qué les forzó a lanzarse sin despedirse, qué pasó por sus mentes en las horas, minutos y segundos antes de perder la conciencia y exhalar por última vez, si se habrán arrepentido cuando ya no podían volver, habrán creído que así se salvaban de una muerte peor, y por último: ¿Qué habría hecho yo?
Yo he vivido mis momentos oscuros, solitarios y desesperados como quizá todos los demás, he pensado que sería bueno apagarme por un momento, sólo no existir por un ratito. Hace años pasé noches enteras despierto pensando en todo, en nada, en todos y en nadie pero nunca llegué a pararme en el borde.
A pesar de las cosas que me hayan hecho sentir nada, aunque el mundo se me vino encima una o dos veces y aunque me haya sentido completamente desubicado siempre tuve de dónde sostenerme, siempre había alguien que se creía mis sonrisas y me sonreía de vuelta, siempre hubo alguien que me abrazó en silencio, que me miró a los ojos y comprendió. Siempre tuve a mi familia y a mis amigos que naturalmente me hicieron sentir en casa y acompañado.
¿Qué tan solo pudo haberse sentido el niño de catorce años que en el remolino de la pubertad llegó a sentirse mal hecho? ¿Cuán fría estaba la esquina en donde el muchacho de quince se sentó a tratar de comprender por qué se reían de él en el baño y lo dejaban sólo? ¿Cómo pudo entender el niño de doce años los mensajes que aparecían en su cuaderno, bolso y pupitre? ¿Qué habrá sentido el niño de trece que decidió callarse y bajar la cabeza cuando le gritaron en el recreo mil y un nombres? ¿Con qué cara saludaba el muchacho de dieciséis a su papá después del colegio cuando había vivido uno de los peores días de su vida?
¿Se habrán preguntado cómo contestarle a la directora del colegio cuando le hace preguntas a uno que uno aún no sabe contestar? ¿Qué se le dice al abuelo que pregunta siempre por una novia que no existe? ¿Qué tan falso es el comentario cuando le preguntan a uno sobre una compañera? ¿Qué decir cuando alguien se le acerca a uno con total seguridad y le pregunta el nombre? ¿Cómo explicar que no sé cómo contestar lo que me preguntan? ¿Qué etiqueta debo ponerme si no me identifico con ninguna?
¿Qué les hizo levantarse de la cama, caminar hasta el baño y dejar fluir la vida en su bañera? ¿Cuál fue la última imagen que vieron mientras preparaban el arma con el que iban a silenciar sus preguntas? ¿Quiénes eran sus amigos y dónde estaban sus familias?
Somos niños, muchachos y adultos que crecemos cuestionándonos por qué la puta naturaleza nos hizo mal, por qué los demás no se callan y nos dejan desenredar nuestros enredos en privado, por qué debemos hacer de nuestras vidas un evento, por qué tenemos que definirnos por algo que nosotros no elegimos. No sé cómo será ser de esos que están bien hechos y todo es fácil y bonito. ¿Será que ellos en serio son así de perfectos que pueden señalar, burlarse, juzgar y humillar o que sus propias debilidades los hacen tan inseguros que deben golpear a alguien más débil?
Sobre mi culpa
No entiendo por qué extraño a tantas personas que nunca conocí, me hacen falta los que decidieron lanzarse a no vivir porque el mundo les gritó que no encajaban.
No sé de quién es la culpa. Si de las familias que no entendieron que debajo de las etiquetas sociales aún había un hijo o una hija pidiendo ayuda, si de las amistades que creyeron normal presionarlos para que “fueran ellos mismos” (que alguien me explique cómo se hace eso), si de ellos mismos por no entender que el problema no eran ellos, o si la culpa fue mía porque lo único que hice al respecto fue escribir sobre ellos cuando ya se habían matado.
Yo tengo dos brazos, dos oídos, tiempo y experiencia en no ser parte de los normales, pude sentarme a escuchar, pude abrazar, pude intentar dar un consejo, pude regalarles una sonrisa que tal vez pudo haberles salvado la vida, pude haberme quedado en silencio y eso haber hecho que fueran felices el resto de una larga vida.
Pero me preocupé, nos preocupamos, por qué comer, qué ponerme, a quién aceptar en Facebook; gasté mis horas viendo películas, leyendo, cocinando y durmiendo cuando alguien miraba por la ventana pensando que no había nadie pensando en ellos.
Ahora hablamos, escribimos, cantamos y soñamos con ellos pero eso no nos los devuelve, no le sana la pena a sus madres, no cura las heridas de los involucrados, no convierte la tierra donde fueron enterrados en sábanas y almohadas. Esto es sólo una prueba del fracaso. Ya los perdimos.
Sobre los que se suicidarán
¿Estamos a punto de ver cómo se quita la vida alguien que amamos? ¿Estamos a dos pasos de alguien que ocupa un abrazo, un silencio, una sonrisa? ¿Tenemos la más pequeña oportunidad de hacer sentir a alguien parte de este mundo?